Economía en la tormenta – El Germen FCE|UBA

Por El Germen

El gobierno que asumió en diciembre se propuso cambiar el rumbo económico, dejando atrás un paradigma neoliberal y planteando una alternativa que dé salida a la crisis económica existente, posicionándonos en un rumbo de crecimiento. El principal problema con el que se enfrentó fue el elevado nivel de endeudamiento, con un calendario de vencimientos que ya permitía vislumbrar un futuro como el que estamos viviendo hoy: reestructuración y peligro de caer formalmente en default. 

Resulta evidente que la llegada de la pandemia profundiza la crisis pre-existente y obliga a repensar objetivos y formas. El Estado argentino se presenta a pelear contra el coronavirus con un arsenal muy limitado por la falta de infraestructura y porque arrastra una grave recesión económica desde hace 2 años. En ese contexto, el canje de la deuda externa pasa a ser aún más urgente de lo que ya era porque las necesidades de la población son mayores.

Nos proponemos este espacio para responder algunos interrogantes y también dejar algunos abiertos, con el fin de poder dilucidar qué está pasando con nuestra economía, qué herramientas tiene el Estado para enfrentar esta crisis de múltiples aristas y qué podemos esperar para la resolución de la misma.

¿Cómo se financia el Estado?

El Estado cuenta con diferentes instrumentos para financiarse. La recaudación, la emisión monetaria y la toma de deuda son las principales fuentes de recursos. La coyuntura actual presenta evidentes dificultades para que obtener dichos recursos mientras se intenta resolver la que sea probablemente la más grande crisis sanitaria del último siglo. 

Entonces, frente a esta crisis sanitaria y las consecuencias económicas que trajo y traerá veamos que sucede con los diferentes canales de financiamiento: 

  • La recaudación está intrínsecamente relacionada con el nivel de actividad, que obviamente en esta situación está siendo fuertemente golpeada y caerá en términos reales profundizando la caída ya existente en los últimos meses. En un contexto en el que se reduce fuertemente y de manera forzosa la circulación de las personas, un aumento de la presión fiscal no es viable ya que la situación de casi todos los contribuyentes es, por lo menos, grave.
  • La emisión monetaria es la principal herramienta que el gobierno está empleando pero tampoco es un recurso ilimitado. En un contexto como el actual y ante el poco incentivo a ahorrar en pesos una emisión infinita generaría presiones sobre el tipo de cambio y esta presión se podría traducir en inflación y/o en atraso del tipo de cambio.
  • Para pensar en la toma de deuda es crucial analizar la sostenibilidad de la misma y para eso es necesario garantizar a los acreedores la posibilidad de encauzar las arcas públicas hacia un sendero de superávits, tanto fiscal como comercial, que permita obtener los recursos necesarios para hacer frente al pago de capital e intereses de esa deuda. Esto no está sucediendo, por lo cual nuestra situación es de virtual default. 

Es clara la necesidad de un superávit fiscal que garantice un excedente para que el Estado pueda hacer frente a sus vencimientos de deuda. De la misma manera, observamos que los vencimientos de deuda que nuestro país enfrenta deben ser pagados en dólares mientras que tanto el gasto como la recaudación son en pesos. Una vez que el Estado se haga de los pesos deberá comprar dólares para efectuar esos pagos.

Para afrontar los pagos de la deuda es requisito fundamental que nuestra economía produzca los dólares necesarios y que el Estado pueda comprarlos. Si estas condiciones no se cumplen, el Estado podrá tener superávit fiscal pero los dólares para el pago de la deuda no existirán  y la situación continuará irresuelta.

Qué debemos hacer y cómo salir de este aprieto es lo que nos desvela a todes. Un manual de economía clásico diría que la respuesta es muy sencilla: gastar menos para garantizar un excedente en los ingresos y así volver sostenible la ecuación de deuda. Sin embargo, frente a las medidas de aislamiento por el Covid-19 podemos observar que todos los Estados del mundo están incrementando notablemente el gasto público para asistir a los sectores más afectados mientras la recaudación se derrumba por la lógica merma en la economía. En conclusión, no habrá superávit fiscal en el corto y mediano plazo.

Al mismo tiempo, en marzo hubo un superávit comercial de u$s1.145 millones. No obstante, el saldo no se vincula a una mayor capacidad de Argentina para generar dólares sino a la brutal caída en la actividad; las exportaciones cayeron un 15% pero las importaciones bajaron aún más, un 20%. De aquí se desprende que la capacidad de Argentina para generar dólares genuinos es pequeña y debe ser apuntalada.

Prioridades del Gasto en épocas de pandemia

En el contexto de una pandemia mundial, el gobierno nacional puso en marcha una serie de medidas para frenar lo máximo posible la propagación del coronavirus en el país. La más importante de todas fue la implementación del Aislamiento social, preventivo y obligatorio, más conocido como cuarentena. El objetivo es reducir lo máximo posible la circulación de la población, y así minimizar los contagios del virus. Esta medida es incuestionable desde el punto de vista sanitario, aunque pone en jaque al aparato productivo. En este punto se suele plantear una falsa disyuntiva entre economía y salud.

Cabe aclarar que esta disyuntiva solo existe en el análisis de quienes se centran en el ámbito de lo productivo y deja de lado el ámbito reproductivo, considerándolo propio de hogares. Para que la economía funcione y la fuerza laboral produzca se necesita, en primera instancia, de la reproducción de la misma

En este marco de crisis, es explícita la participación del Estado en el cuidado de las personas. Sin embargo, cuando no nos enfrentamos a pandemias, este cuidado es un trabajo carente de valorización monetaria y es realizado principalmente por mujeres y feminidades.

Con el objetivo de morigerar el impacto económico de la emergencia sanitaria y contener la merma de la actividad productiva que afecta con mayor magnitud a los sectores más vulnerables, el gobierno nacional lanzó diferentes programas y reforzó algunos que ya existían, por lo que se puede segmentar la ayuda en tres esquemas de protección:

  • Un primer eje en la transferencia de ingresos, fundamentalmente a través del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) destinado a trabajadores informales y monotributistas de las primeras categorías. Además se reforzaron otro programas que ya estaban en funcionamiento como la Asignación Universal por Hijo y la Asignación Universal por Embarazo.
  • Un segundo eje focalizado en el empleo; un ejemplo es la extensión del Seguro de Desempleo o la prohibición de de despidos y suspensiones “por las causales de fuerza mayor o falta o disminución de trabajo” por 60 días según el DNU 329/2020 publicado el 31 de Marzo.
  • Otro tercer eje dedicado a las empresas más afectadas por el coronavirus, mediante su inscripción en el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción donde el Estado abona parte de los sueldos, además de la postergación y/o exención de contribuciones patronales.   
Entonces, ¿Cuál es la importancia de reestructurar la deuda?

De acuerdo a un informe elaborado por el Ministerio de Economía, el gobierno argentino destinará $1,7 billones (u$s24.000 millones a un tipo de cambio de $69) para asistir a empresas y familias entre abril y junio, un equivalente al 5,6% del PBI. Por las razones ya mencionadas, ese paquete está financiado fundamentalmente por asistencia directa del Banco Central al Tesoro Nacional, mediante emisión monetaria, y por políticas que incentivan a incrementar la cantidad de dinero en los bancos para que estos puedan otorgar los créditos.

En ese marco, la reestructuración de la deuda externa tiene un valor fundamental ya que, con los plazos y montos vigentes, afrontar los vencimientos implicaría un desembolso de recursos que no abundan y que hoy el país necesita destinar a problemas más urgentes. Según los cálculos del Ministerio de Economía, ahorrando apenas lo que habría que pagar en 2020, se podrían comprar 386 respiradores, triplicar el presupuesto en salud o multiplicar por 3,7 la cantidad de IFE, entre otros ejemplos.

El tratamiento de la deuda argentina se dividió, a grandes rasgos, en tres segmentos: la deuda en pesos, la nominada en dólares bajo ley local y la contraída  en dólares bajo ley extranjera.

Respecto a las obligaciones en moneda doméstica, el ministro Martín Guzmán explicó que el objetivo es “seguir un camino que busque recuperar la capacidad de tener un mercado de deuda pública en pesos para “dejar de endeudarse en dólares, que es algo nocivo”. En ese sentido, la intención del gobierno es pagarla aunque con algunas prórrogas en los plazos. 

Vale observar lo que se hizo con el Boncer 2020, uno de los bonos más importantes ya que vencía este 28 de abril por $350.000 millones, para analizar la estrategia oficial: el gobierno logró canjear el 90% del bono y a cambio ofreció otros títulos con vencimiento en 2021. Los $38.000 millones que no entraron en la propuesta fueron pagados en la fecha correspondiente.

Con la deuda en dólares bajo ley argentina se decidió, dado que importantes vencimientos se aproximaban, posponer pagos por casi u$s10.000 millones para 2021 aunque Guzmán ya aclaró que la idea es darle un tratamiento similar al que se piensa darle a la ley extranjera.

Precisamente, la reestructuración de la deuda externa con legislación extranjera es la que más ocupa a los funcionarios del Frente de Todos y es la que apareció en la portada de los principales medios durante las últimas semanas. El gobierno sostiene que actualmente el país necesita un financiamiento altísimo del 22% del PBI para afrontar sus obligaciones, algo que hasta el FMI afirmó que debe reducirse notablemente para poder garantizar la sostenibilidad de la deuda.

El nivel de endeudamiento contraído por el gobierno de Mauricio Macri durante los cuatro años previos fue sumamente irresponsable tanto por los elevados montos como por los acotados plazos; tan solo en los próximos tres años, Argentina debería pagar más de u$s20.000 millones. Por lo tanto, es necesaria una reestructuración con una fuerte quita de dinero o con un estiramiento de las fechas a pagar, o bien con una combinación de ambas.

 

Bajo esa premisa, el gobierno argentino optó por presentar una primera propuesta para canjear casi u$s70.000 millones para la cual debe haber una respuesta antes del 8 de mayo y que tiene las siguientes condiciones:

  • Quita del 62% en intereses (u$s37.900 millones) y del 5,4% en capital (u$s3.600 millones)
  • Período de gracia de 3 años. A partir de 2023 se pagaría una tasa de interés promedio del 0,5% anual, que iría creciendo con el tiempo hasta 4,88% (actualmente la tasa es del 8% aprox).
  • Nuevos bonos ofrecidos a cambio con vencimientos entre 2030 y 2047 

Si bien fue contundente, la oferta no fue todo lo agresiva que se podría haber esperado e incluso estuvo por debajo de algunas de las opciones que recomendaba el FMI. Sin embargo, ya hubo algunos importantes Fondos de Inversión que se mostraron en contra, lo que anticipa un largo proceso de negociaciones para tratar de acercar posiciones.

El día después de la tormenta

Entonces, hoy nos encontramos en una situación altamente compleja: la deuda externa se encuentra en un proceso de reestructuración, el Estado debe hacer frente a una pandemia sin precedentes en el último siglo y también deberá hacerlo, en conjunto con el resto de la sociedad, frente a las consecuencias económicas y sociales que dejará este momento que vivimos, que no serán pocas ni leves.

Resulta evidente que la reestructuración, el manejo y la salida de esta crisis están íntimamente relacionados. Como vimos, las alternativas que el Estado tiene para financiarse son limitadas, por lo que deberá ser muy eficiente en la gestión de los recursos y apostar a una reactivación económica que permita recomponer los ingresos a través de la recaudación tributaria. También, como repitió el Ministro Guzmán, nuestro país necesita desarrollar un mercado de deuda pública en pesos y fortalecer mecanismo de ahorro e inversión en moneda local. 

El gobierno argentino ya explicó en varias oportunidades que tiene voluntad de pago pero que es consciente de que en el contexto de crisis no hay lugar para destinar recursos a cancelar deuda externa. El default está a la vuelta de la esquina pero las alternativas parecen ser peores para la sociedad en su conjunto. 

Son momentos y son decisiones. Los gobiernos peronistas tienen probada experiencia en momentos como este y las decisiones que tendrá que tomar no son sencillas. El norte parece ser claro: un esquema de endeudamiento sostenible, con el foco en el aumento de la productividad en sectores clave y con un fuerte sesgo exportador y sustitutivo que sea virtuoso para la sociedad en su conjunto. Probablemente lo que falte vislumbrar, en medio de la niebla que es el coronavirus, es el camino. Mientras tanto, las negociaciones por el canje continúan, buscando tener el mismo éxito que tuvieron Néstor Kirchner y Roberto Lavagna allá por 2005.

Economía en la tormenta

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