El mejor equipo quedó en deuda – El Germen FCE|UBA

Entrevista a Mara Ruiz Malec

Producción: Agustín Astesiano, Agustín González y Alejandra Alderete

La mayoría de lxs analistxs políticos y economistas no afines al gobierno actual señalan al endeudamiento como uno de los principales problemas que deja la gestión económica de los últimos cuatro años y uno de los contrastes más negativos en la comparación con el gobierno anterior. Tras la devaluación de 2018, el acuerdo Stand-By con el FMI y un nuevo salto vertiginoso en el valor del dólar post derrota electoral del gobierno en las PASO, la deuda pública en moneda extranjera pasó de representar cerca del 50% del PBI en 2015 a acercarse cada vez más al 100% del producto en agosto de 2019. Ante esta situación cabe preguntarse: ¿es viable un modelo de país con este crecimiento exponencial de obligaciones externas en un contexto de apertura comercial y nula restricción a la cuenta capital? Con el objetivo de indagar acerca de las causas y consecuencias que condujeron al endeudamiento , en general, y al acuerdo con el Fondo, en particular, dialogamos con Mara Ruiz Malec, economista del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala.

Fuente: elaboración propia en base a datos del Ministerio de Hacienda

¿En qué momentos es necesario o parece una solución contraer deuda externa?

Mara Ruiz Malec: Argentina – como todos los países subdesarrollados – tiene un problema de restricción externa. Esto significa que, en general, no logra generar con sus exportaciones la cantidad de dólares que necesita la economía. Éstos se usan para importar bienes finales, para adquirir piezas e insumos de lo producido localmente, para pagar algunos servicios y, de manera exacerbada en nuestro país, como moneda de ahorro. Si queremos crecer más, necesitamos más divisas extranjeras. La deuda externa muchas veces aparece como una posibilidad de seguir creciendo aunque no estemos generando los dólares suficientes. Esta “solución” tiene dos problemas. El primero es el más obvio: si entre que contraemos la deuda y la pagamos, no generamos la capacidad de conseguir dólares por otras vías (exportando bienes o servicios, atrayendo inversiones de más largo plazo, etc.) solo estamos agravando el problema porque a nuestras necesidades presentes de dólares le sumamos en el futuro la necesidad de los dólares para pagar la deuda. El segundo es más político y tiene que ver con que quienes le prestan a países que no tienen una moneda propia fuerte suelen pensar que esta situación se debe a ciertas políticas económicas. Por lo tanto, para prestar y seguir prestando, exigen ciertas políticas que no siempre son beneficiosas para las mayorías (y además no generan esa capacidad de repago que prometen). El caso más emblemático es el del FMI, que no implica acordar simplemente un préstamo sino un programa económico con financiamiento.

¿Qué fundamentos vienen detrás de la idea del déficit fiscal cero? La lectura del gobierno para implementar dicha política, ¿tuvo una autojustificación en las recetas que plantea el FMI, sabiendo de antemano qué le iba a pedir el organismo para cerrar el acuerdo?

MR: Muy pocos países tienen déficit cero o superávit fiscal. El déficit cero es un slogan ideológico, no tiene fundamento per se. Se puede tener déficit en algunos años para impulsar la economía y superávit en otros para no tener que tomar deuda. Incluso, se puede mantener un cierto nivel de déficit de forma casi permanente en la medida que la economía crezca como para pagar los intereses y se puedan refinanciar los pagos. Por supuesto, no cualquier nivel de déficit es sostenible, eso depende de la fortaleza de la economía. En este aspecto en particular, creo que es más una obsesión del gobierno que una imposición de FMI, que si bien siempre impulsa al “orden” fiscal no necesariamente exige hacerlo con tanta velocidad. Creo que el déficit cero es la única herramienta de política de este gobierno. Ellos creen que con déficit cero alcanza para que los privados piensen “ah okey, este gobierno puede pagar su deuda, no va a subir impuestos, entonces vamos a invertir acá”. Pero no funciona así.

¿Qué fundamentos encuentra el gobierno para el corregimiento del déficit fiscal mediante endeudamiento externo? ¿Qué diagnóstico crees que hicieron para delinear su política económica?

MR: En realidad ellos propusieron no corregir el déficit fiscal de un día para el otro (el famoso “gradualismo”) y financiar esto con deuda externa. Probablemente hubo una lectura política, acertada, de que la sociedad no se “bancaba” un ajuste que llevara a cero el déficit. Efectivamente, el déficit (incluso sin contar los intereses) no bajó en 2016 y bajó bastante poco en 2017. Pero esto no tuvo que ver con el gradualismo sino porque se bajaron impuestos progresivos (retenciones, ganancias y luego contribuciones patronales), porque se hizo un pésimo manejo de la política tarifaria (aumentos muy bruscos, dolarización de las tarifas sin que las empresas asuman ningún riesgo) y porque hubo algunos gastos, como la Reparación Histórica, que no tuvieron como contrapartida una fuente de financiamiento nueva y permanente para dicho gasto. Este nivel de déficit decidieron financiarlo con deuda en moneda extranjera. Las alternativas eran financiar parcialmente ese gasto con parte de las utilidades y/o préstamos del Banco Central, que son emisión monetaria y/o tomar más deuda en pesos. Creo que hubo un error de diagnóstico al atribuir a la emisión monetaria las causas de la inflación y creer que la deuda externa era menos costosa. Hoy pagamos muchísimos intereses y tenemos más inflación que antes. Y se tomó deuda externa porque, como el Banco Central se quedó solo en la lucha contra la inflación y tenía la tasa por las nubes, se pensó que era más barato financiarse en dólares. Y lo era, en la medida que el dólar no subiera. Cuando el mercado se hartó de deuda argentina, el dólar subió y hoy estamos pagando los costos.

 

¿Cómo se financia el déficit fiscal? ¿Consideras que hubo déficit excesivo en la gestión anterior? ¿Cómo crees que se podría mejorar el financiamiento del mismo?

MR: No creo que haya que achicar el Estado. Hoy tenemos una cobertura previsional de la que nos enorgullecemos, y nos gustaría que los jubilados ganen todavía más. Una cobertura social de niños y niñas ejemplar. Falta muchísimo por hacer en materia de obra pública. Las provincias necesitan ayuda en materia de salud y educación. El foco debería estar puesto en cómo financiar el Estado que tenemos. Ahora, todo déficit tiene un costo.

Tener menos déficit financiando gasto con impuestos sería ideal. En este sentido hay que trabajar en dos aspectos: en formalizar más empresas y más trabajadores que puedan afrontar esos impuestos, y en hacer el sistema más progresivo para que paguen más las personas (no las empresas sino los empresarios) que más tienen. Si con esto todavía necesitamos gastar más, hay que ponderar los costos. Emitir tiene costos, no en términos de pago, pero si hay muchos pesos en la economía, corremos el riesgo de que esos pesos se vayan al dólar y ya hablamos de que la falta de dólares es uno de nuestros problemas estructurales. Si tomamos deuda en pesos hay que pagarla, y eso te quita capacidad de gasto a futuro y si la tomamos en dólares, compramos tiempo también para el sector externo, pero de nuevo, si no lo invertimos bien después es un problema. Entonces hay que ponderar las necesidades que tenemos de gastar con todo esto. No hay una respuesta correcta, todo depende del momento.

Teniendo en cuenta un análisis1 que muestra que en los últimos tiempos hubo una tendencia generalizada a aumentar la deuda externa en diferentes países de América Latina, ¿creés que es una buena estrategia frente a los organismos internacionales negociar endeudamiento como bloque regional?

MR: La idea de crear un Banco del Sur es muy atractiva e incluso – en el marco de la UNASUR – se legó a avanzar algo en este sentido. Los cambios de gobierno en Argentina y Brasil y el colapso de la economía venezolana enterraron esta idea. Lo cierto es que ningún emprendimiento de este tipo que no tenga el verdadero compromiso de Brasil va a servir de algo. Y Brasil, incluso desde antes de Bolsonaro, no termina de tomar la postura de “locomotora” de Sudamérica, ni en lo productivo ni en lo financiero. La integración regional es una buena idea, pero la veo hoy muy lejana.

¿Es sostenible el nivel de deuda en el contexto recesivo que atraviesa la economía argentina? ¿Qué efectos tiene para nuestra economía los altos vencimientos de deuda a mediano plazo?

MR: Argentina va a necesitar generar muchos más dólares de los que tiene para pagar esta deuda. La manera dolorosa de hacer esto es dejando de importar otras cosas, algo que sucede solo cuando el dólar sube, los precios suben, el salario real cae y las importaciones bajan porque se consume y se produce menos. Y aun así podría no ser suficiente. Argentina tiene que ir a un esquema de uso inteligente de los dólares; esto puede incluir algunas restricciones como las que implementó ahora el gobierno pero hay que tener mucho cuidado para que no ocurra lo que pasó durante el anterior «cepo» cuando los dólares dejaron de salir pero también dejaron de entrar. Además, no se puede perder el tiempo en materia productiva. Debe ser una prioridad apuntalar sectores que puedan generar divisas de la manera más sana, que es exportando. Pero aún con todo esto va a ser necesario pensar un nuevo esquema de pagos con el FMI, que es con quien tenemos mayores obligaciones.

   

Fuente: elaboración propia en base a datos del Presupuesto Nacional y Ministerio de Hacienda

Siguiendo con la pregunta anterior, ¿en qué lugar nos sitúa en el contexto internacional el proceso que vive la argentina actualmente?

MR: Estamos en un contexto internacional complicado. En materia comercial, el auge del proteccionismo podría no ser una mala noticia para nosotros, pero hay que ver si las mismas reglas que se están aplicando al mundo desarrollado se aplican a los países en desarrollo. La guerra comercial con China, si desacelera esa economía, puede tener consecuencias nefastas. En materia geopolítica y de financiamiento, es muy clara la orientación y el renovado interés de Estados Unidos por apoyar a gobiernos afines en la región. Eso puede ser un problema para un gobierno que busque mantener cierta independencia en los conflictos globales y soberanía en el manejo de sus políticas económicas.

Los impactos del aumento en el tipo de cambio que afectan gravemente al pueblo argentino debido al efecto pass-through (traspaso de un aumento en el valor del dólar a un aumento en los precios generales de la economía) de las devaluaciones, ¿se pueden explicar en gran medida al inexistente control de las divisas en el mercado financiero?

MR: Argentina tiene un pass-through muy alto. En todo tiempo y lugar. Ahora, la desregulación del sistema financiero le dio tal inestabilidad al dólar, que el pass-through parece haberse exacerbado. Hoy se mira más al dólar que antes (aun cuando antes ya se miraba mucho). Además, la desregulación que permitió que los capitales se vayan de un día para el otro y que se produzcan bruscas corridas cambiarias agrava nuestra capacidad de pago de la deuda.

A partir del nivel histórico alcanzado de deuda/PBI y del incesante incremento del riesgo país, ¿está Argentina a la vuelta de una crisis como la del 2001?

MR: Ya estamos en una crisis, y estamos en las puertas de una crisis peor que va a ser difícil de evitar. Pero no necesariamente será igual a 2001. Por un lado, no hay convertibilidad, te diría que las condiciones se parecen más a los 80 que al fin de los 90 (pero con una inflación mucho menor). Por otro lado, hay un piso de protección social y de bienestar que dejó el gobierno anterior que no existía en ninguna de las otras crisis. Será un nuevo tipo de crisis que espero que la próxima gestión pueda evitar.

1 Lucía Converti y Pablo Wahren. “El endeudamiento externo en Latinoamérica: ¿piedra o salvavidas?”, CELAG.

El mejor equipo quedó en deuda