Argentina en la carrera de la innovación – El Germen FCE|UBA

Entrevista a Diana Suárez

Producción: Santiago Reina

Según datos del Banco Mundial y del Observatorio Iberoamericano de la ciencia, la tecnología y la sociedad, Argentina invierte menos del 0,6% del PBI para financiar actividades de I+D, una cifra que no solo es baja en relación a los países avanzados sino también a algunos emergentes. Por otra parte, en nuestro país tan solo una quinta parte de esa escasa inversión en I+D se realiza en el ámbito de las empresas mientras que en los países que lideran los procesos de innovación, como Alemania, Estados Unidos o Japón esa proporción se ubica entre el 70% y el 80%.

Diana Suárez es Doctora en Economía de la innovación en la Universidad de Aalborg y Secretaria de Investigación y Desarrollo Tecnológico y Social en el Instituto de la Industria en la UNGS. Es una voz más que autorizada para hablar de estas cuestiones y defiende la idea de que el camino hacia el desarrollo pasa por el cambio tecnológico y la acumulación de capacidades. Sin embargo, aclara que la innovación (reflejada, en parte, por los gastos en I+D) no es un resultado sino un proceso que es más virtuoso cuanto mejor organizados y más coordinados sean los sistemas sobre los cuales se apoya ese proceso.

¿Qué implica entender a la innovación como un sistema y no como resultado de individuales estructuras público/privadas?

D. Suárez: Entender a la innovación como sistema es entender que emerge de la interacción entre múltiples actores. Si vos promovés la innovación a través de la firma también tenés que prestar atención a las capacidades, a las vinculaciones con su entorno, a las características de los recursos humanos; tenés que entender el contexto en el cual ocurre esa innovación.

Pablo Levín, en su teoría del capital diferenciado define a aquellos capitales que innovan como capitales potenciados ya que a partir de la primera innovación adquieren condiciones favorables para llevar a cabo otras, aumentando la brecha de ganancias respecto al resto de los capitales. ¿Es el sector público quien debe conducir el “diálogo” del sistema para evitar abusos por asimetrías en las relaciones de poder o en las capacidades acumuladas?

DS: El sector público es un actor del proceso del desarrollo, no creo que tenga que venir a resolver fallas porque eso es suponer que hay algo que sucede más allá del sector público y que este interviene solamente cuando algo no funciona bien. Es parte del sistema de innovación y tiene un rol específico y complejo como coordinador, promotor e incluso oferente. Desde luego que tiene que tener un rol activo en el caso de la inversión porque librada a la acción del mercado la inversión puede ir direccionada, por ejemplo, hacia lo especulativo. En Argentina, los últimos cuatro años han mostrado que un Estado que no está presente en la promoción de la ciencia y la tecnología, en la articulación de las inversiones privadas, en la inversión en educación, es un Estado que termina siendo contraproducente. Con este gobierno se han golpeado a todos los sectores que los manuales dicen que te llevarían al desarrollo tecnológico. No hay evidencia en el mundo de que este nivel de liberalización y desregulación haya llevado a algún tipo de desarrollo.

En una entrevista hace poco para la UNGS criticaste la falta de articulación entre el sistema científico-tecnológico y el sector empresarial-productivo en Argentina. ¿Es esta una de las principales fallas del sistema de innovación nacional?

DS: Preferiría evitar el concepto de falla porque significaría que alguna vez hubo algo funcionó bien. La ciencia local es reconocida en el mundo; fuimos uno de los primeros países en desarrollar un sistema científico con el tamaño que tiene actualmente y la educación pública, gratuita y universal ha jugado un rol clave en ese proceso. Pero Argentina tiene una estructura productiva muy heterogénea en donde coexisten, en términos de Katz, cuatro argentinas y la articulación de la ciencia con cada una de ellas es muy disímil.

¿Cuáles serían esas 4 argentinas y en cuál de ellas hay más problemas de articulación?

DS: Hay una Argentina de la frontera tecnológica, de la bío y nano-tecnología, que compite en el mundo y está más allá de cualquier pronóstico; uno no podría hacer nunca un modelo que prediga que en Argentina va a surgir INVAP, que funciona súper bien. Después hay una Argentina de los recursos naturales donde conviven dos niveles de productividad: por un lado están los sectores que compiten en el mercado internacional (soja, trigo, carne), que no tienen tanta articulación con el sistema científico pero cuentan con un relevante rol del sector público a través del INTA y, por otro lado, están los cultivos regionales que tienen una vinculación diferente. En tercer lugar está el mundo de la metalmecánica, de la textil, de la alimenticia, de las pymes, que actúan por debajo de la frontera y necesitan el apoyo del sector público para seguir funcionando. Ahí la articulación es un problema, y ahora te hablo como Secretaria de Desarrollo Tecnológico y Social, ya que es muy difícil el diálogo por los ritmos de las universidades en relación al de las empresas; el científico necesita publicar mientras que la empresa necesita llegar a mañana. Hay muchas pymes que buscan innovar y ser mejores pero hay otras que están tratando de sobrevivir y ven que es más rentable poner la guita a rendir intereses que abrir una fábrica. Por último, está la Argentina del 50% de los niños por debajo de la línea de pobreza.

¿Qué objetivos debería tener la ciencia para esa última argentina?

DS: En América Latina el gasto en actividades de ciencia y tecnología ha sido principalmente público, pero esperamos reproducir modelos de innovación de países donde el gasto es esencialmente privado. Tiene que ser otra la lógica; el gasto público debería propender a los bienes públicos, a maximizar los derrames e ir más allá de la rentabilidad privada. Hay que pensar la innovación al servicio del desarrollo de un país como el nuestro. Por ejemplo, actualmente estamos trabajando en la UNGS con el desarrollo de una especie de tobilleras electrónicas mejores a las que ya existen para monitoreo de restricciones perimetrales por violencia doméstica; si vamos a hacer un precinto electrónico a lo mejor conviene imprimirlo en 3D porque, por ejemplo, según las estadísticas en la Provincia de Buenos Aires se emiten como 600 perimetrales por día, por lo que necesitás un dispositivo y un monitoreo económico. Primero hay que pensar qué problema del desarrollo queremos solucionar y desde ahí ir para atrás; ver qué empresas lo pueden aplicar y qué instituciones necesitamos.

¿El principal objetivo de la innovación debería ser adoptar tecnología para aumentar la productividad en sectores rezagados o dedicar esfuerzos a la producción de conocimiento/patentes en sectores con ventajas estáticas y con capacidades acumuladas?

DS: Un sector te puede funcionar como locomotora pero no es suficiente. Necesitás que toda la estructura productiva mejore tecnológicamente; no se trata de cerrar una fábrica de chupetines y abrir una fábrica que produzca robots. Argentina tiene un desarrollo impresionante en la industria del software y un potencial importante en las industrias culturales y de diseño. Pero también dentro de la estructura productiva argentina típica (textil, metalmecánica, alimentos) hay potencial para insertarse en nichos de alto valor. Tenemos desarrollo en biotecnología de medicina, de alimentos, desarrollo en producción de tubos y costuras, las cosas que hace INVAP, etc. Uno ve que no hay un fenómeno sectorial de la innovación sino que aparece en todos los sectores. No creo que haya un sector que nos lleve al desarrollo; el desafío es entender la heterogeneidad y articular las trabas al interior de cada uno de ellos.

Dadas las capacidades generadas en torno a la Industria 4.0, que se refleja en que el 75% de la robótica se concentre en 5 países y que el resto de los componentes también tienda a desarrollarse en pocos territorios nacionales, ¿pueden los países en desarrollo participar de estos avances?

DS: La industria 4.0 abre algunas ventanas de oportunidad con cuestiones de machine learning, de big data o de domótica. Se trata de objetos inteligentes que dialogan entre sí y nosotros tenemos capacidades para hacer eso. Además, como son sectores tan novedosos, no necesitás tanta trayectoria y sendero de aprendizaje aunque sí hay una dependencia del pasado y por eso este proceso lo están liderando Estados Unidos, Japón y Alemania. Para poner un ejemplo, en Argentina se imprimen circuitos integrados. Jamás vamos a poder imprimir el circuito integrado del IPhone pero sí lo hacemos para circuitos más específicos vinculados a las maquinarias agrícolas. Ahí vos podrías insertarte con la producción del componente electrónico de esos objetos inteligentes.

Resumiendo un poco, dado el contexto electoral, ¿cuáles deberían ser los principales desafíos para el próximo gobierno en materia de innovación?

DS: En primer lugar debería apostar a la ciencia, la tecnología y la educación. La segunda cuestión elemental debería ser apostar a la innovación en pymes, no en detrimento de las grandes empresas sino porque han sido las más golpeadas durante los últimos años y porque tenés un severo problema de desempleo. Obviamente, me estoy abstrayendo de la coyuntura macro; me queda clarísimo que si no resolvemos los problemas en el frente externo esto explota y que necesitamos una política macro que favorezca el desarrollo.

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