¿Y si nos calzamos los anteojos violetas? – El Germen FCE|UBA

Por Carla Degliantoni, Economista e Investigadora Espacio de Géneros del Centro Cultural de la Cooperación

Este artículo se propone pensar el mercado de trabajo[1] desde la economía feminista, entendiendo que es un espacio público donde las desigualdades entre mujeres y varones[2] se manifiestan. Analizar la economía desde una mirada feminista es mucho más que abrir los datos por género y/o sexo. Implica entender que las diferencias entre géneros son construcciones sociales, que utilizan las diferencias biológicas[3] para construir la subordinación de un género a otro, o sea, la subordinación a lo masculino. Dejar de pensar en un agente económico único y representativo, el cual es posible identificar como varón, joven, blanco y heterosexual. Romper con la idea de agentes racionales, que toman decisiones y eligen individualmente en función de preferencias. Comenzar a visibilizar la esfera privada, la economía reproductiva y su tensión con la esfera pública y la economía productiva (Nelson, 2004, Rodríguez Enríquez, C. 2010 y Perona, E. 2012).

Al mirar los datos de mercado de trabajo uno de los primeros indicadores que evidencian la desigualdad entre mujeres y varones es la tasa de actividad. Para las mujeres la misma es del 49% mientras que para los varones es del 70%. ¿Por qué la participación femenina es menor que la masculina? Al buscar la respuesta dentro de las distintas corrientes, ya sea ortodoxa o heterodoxa, es a través del análisis de la economía productiva, o sea, en la esfera pública. Es la economía feminista la que introduce a la economía reproductiva como espacio de estudio que permite comprender qué es lo que pasa en el mercado de trabajo como también en otros ámbitos.

Para incorporar la dimensión del cuidado, es necesario recurrir a la encuesta del uso del tiempo[4]. Sus resultados muestran que las mujeres destinan el doble de tiempo que sus pares varones a trabajo no remunerado, 6,4hs diarias promedio a tareas domésticas, de cuidado y apoyo escolar. El 89% de las mujeres realizan trabajo no remunerado dentro de los hogares, respecto a un 68% en el caso de los varones. En el caso del trabajo remunerado ellas destinan 7,6 hs en promedio y ellos 9,4hs (INDEC, 2013). Según estimaciones de SACCO y CABANILLAS (2017) el costo del trabajo no remunerado equivaldría alrededor del 20% del PBI.

Al conciliar la doble jornada laboral las mujeres deben destinar menos horas al trabajo remunerado accediendo a empleos más precarios. Esto es posible de verificar observando lo que ocurre dentro de la Población Económicamente Activa (PEA). Las mujeres se vean afectadas en mayor proporción por la informalidad laboral (37% mujeres, 31% varones) como por la desocupación (11% mujeres, 9% varones) o subocupación (16% mujeres, 11% varones) y la tasa de empleo es menor que la de los varones (44% mujeres, 63% varones) (INDEC, 2019).

La inequitativa distribución de las tareas no remuneradas dentro de los hogares es producto de construcción social de roles de género y, en consecuencia, a una división sexual del trabajo que impone la responsabilidad del cuidado a las mujeres. Al analizar en qué sectores de actividad participan las mujeres se manifiesta esta construcción de roles. Seis de cada diez están insertan en el sector de servicios, en particular en educación, salud y casas particulares, actividades asociadas al cuidado.

A la feminización de ciertos sectores productivos debemos sumarle la dificultad a acceder a puestos jerárquicos, de mayor responsabilidad y remuneración. El 72% de los cargos de dirección en el sector privado están ocupados por varones mientras que en el sector público este porcentaje es del 58%. Ambas formas de segregación laboral (paredes-horizontal y techo de cristal-vertical) repercuten en el salario que perciben las mujeres, generando una brecha promedio de ingreso del 27% (INDEC, 2019).

Las desigualdades que afectan a las mujeres no terminan en la etapa activa de sus vidas sino que siguen y se amplifican cuando llegan a la vejez. Hasta el 2004 solo el 55% de la población femenina en edad de jubilarse estaba cubierta por una pensión. Esto es consecuencia directa de las condiciones en que las mujeres se insertan en el mercado de trabajo.

En un trabajo de Grushka, Gaiada y Calabria (2016) se evidencia que producto de las políticas de inclusión previsional[5] que se aplicaron a partir de 2007 la cobertura de la población adulta mayor estaba entre el 92% y 96% para 2015 según la fuente estadística que se utilice. Cuando se observa la composición por género se ve que en la actualidad 65% de la población que percibe una jubilación son mujeres, y esto se vincula directamente con dichas políticas, ya que el 74% de las personas que accedió a un jubilación por medio de las moratorias son mujeres (BESS, 2017 y BESS, 2018). El acceso a una jubilación les permitió a dichas mujeres contar con autonomía económica, evidenciándose en el incremento de la probabilidad de divorcios en esa población y/o mayor poder de negociación intrahogar (Berniell, De la Mata y Machado, 2019).

En la actualidad poco se ha avanzado en políticas públicas que colaboren en la reducción de estas desigualdades. La poca o nula incorporación de perspectiva de género en las políticas públicas se verifica en la reforma del Programa “Ellas Hacen”, las políticas de inclusión laboral para mujeres que refuerzan los estereotipos de género y falta de políticas de cuidado, por mencionar algunas. Incorporar una mirada feminista a la economía resulta no solo necesario sino indispensable, teniendo en cuenta que las mujeres representan el 51% de la población.

Bibliografía

BERNIELL, I., DE LA MATA, D y MACHADO, M (2019). La dependencia en la vejez y las pensiones no contributivas, CEDLAS, UNPL, La Plata. Disponible en: http://www.cedlas.econo.unlp.edu.ar/wp/la-dependencia-en-la-vejez-y-las-pensiones-no-contributivas/

BESS (2017). Boletín de la Seguridad Social 3° Trimestre 2017, ANSES. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/desarrollosocial/seguridadsocial/estudios#bess

BESS (2018). Boletín de la Seguridad Social 2° Trimestre 2018, ANSES. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/desarrollosocial/seguridadsocial/estudios#bess

GRUSHKA, C., GAIADA, J. Y CALABRIA, A. (2016). Sistema(s) previsional(es) en la Argentina y cobertura:análisis de las diversas fuentes de datos y de los diferenciales por edad, sexo y jurisdicción, DT N° 1601, ANSES, Buenos Aires.

INDEC (2013). Encuesta Del Uso Del Tiempo, INDEC, Buenos Aires. Disponible en: https://www.indec.gob.ar/nivel4_default.asp?id_tema_1=4&id_tema_2=31&id_tema_3=117

INDEC (2019). Encuesta Permanente de Hogares (EPH), 1° Trimestre 2019, INDEC, Buenos Aires. Disponible en: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-4-31-58

PERONA, E. (2012). Economía Feminista, Centro de Estudios Avanzados, Universidad Nacional de Córdoba N° 27.

RODRIGUEZ ENRIQUEZ, C (2010). Introducción a la Economía Feminista, Universidad de San Martín, Buenos Aires.

SACCO, E. y CABANILLAS, G. (2017). ¿Las Mujeres son Culpables?, LATFEM, diciembre 2017. Disponible en: https://latfem.org/las-mujeres-son-las-culpables/

[1] Los datos de mercado de trabajo se elaboraron a partir de la EPH 4to Trimestre 2018, INDEC.

[2] Lamentablemente este artículo hablara de mujeres y varones dado que la estadística pública está construida de manera dicotómica, invisibilizando a las disidencias, los cuales son grupos poblacionales que se ven expuestos a mayores vulneraciones como la población trans y travesti.

[3] Maffia y Cabral en Los Sexos ¿son o se hacen? plantean que el sexo anatómico y su dicotomía son resultado de una lectura ideológica (de género).

[4] En 2013 se realizó en Argentina por primera vez, y única, la encuesta del uso del tiempo. La misma permite saber cómo se distribuye el tiempo que se destina a las tareas no remuneradas y remuneradas.

[5] Luego de las presiones de distintos movimientos feministas se prorrogó el vencimiento de la “moratoria jubilatoria” pero no así la cantidad de años que se pueden comprar para acceder a la jubilación. En la práctica, la extensión de la moratoria no fue más que un acto demagógico, ya que las mujeres que quieran acceder a una jubilación a través de las moratorias no podrán hacerlo porque le faltarán años. Aquellas que quieran acceder a una prestación previsional solo podrán hacerlo a través de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM).

¿Y si nos calzamos los anteojos violetas?